El 24 de noviembre de 2005 comenzó
un nuevo curso cuya duración era indeterminada, es decir, de un
modo fijo se establecía el jueves por la tarde como el día para las
clases de retrato y continuaríamos avanzando en su conocimiento todo el
tiempo que fuese necesario hasta cumplir los objetivos marcados.
Su profesora, Paula Bonet, lo
tenía claro: conocimiento de los rasgos expresivos, estudio del rostro
humano y modelo vivo que sirva como ejemplo. Tarde a tarde, semana a
semana, fueron desfilando diversos modelos, se pintaron infinidad de
tablillas, cartones, lienzos...; se estudiaron infinidad de expresiones,
de gestos.
El resultado pudo contemplarse en una
genial exposición que se inauguró el 9 de marzo de 2006. La muestra
estaba dividida en un apartado de pintura sobre lienzo, otro sobre
tablilla y un tercero de retratos de los propios alumnos participantes. Se jugó mucho con las miradas que aparecían en las
pinturas y así la sucesión de lienzos era también un giro de cabeza de
izquierda a derecha; en las tablillas un bloque miraba a un lado
mientras otro giraba la cabeza al opuesto y un central creaba una línea
de separación y los autorretratos mantenían una uniformidad de gesto y miradas orientando la
atención del espectador.
Se quiso no sólo mostrar el elemento pictórico en
sí, sino también aprovechar el potencial de los rostros retratados
mediante el elemento que más fuerza imprime al rostro: la mirada. La
exposición resultó así brillante, llena de intensidad pictórica y
diferente cada vez que se contemplaba.